Tras el fallecimiento de  Haydeé, su familia nos escribió una carta de agradecimiento, que nos ha llegado al alma.

Tanto es así que queremos compartirla con vosotros:

 

En agradecimiento por la atención prestada a Haydeé Izquierdo, de parte de su familia, para el personal de la Residencia lola Rioja, aunque para nosotros será para siempre, “la casa de las mascarillas transparentes».

Hace unos días falleció mi madre, HAYDEÉ. Quiero, toda su familia queremos, daros las gracias por vuestra atención durante estos últimos meses de su vida. Me vais a perdonar por ser en cierto modo injusto al dedicaros unas palabras destacando el nombre de algunos de vosotros, pero es que son los que recuerdo, y lo hago solamente porque el azar lo ha dispuesto así.

Como no sé muy bien cómo empezar, he pensado en usar el hilo temporal para tejer mis frases de gratitud. Muchas tienen que ver con el primer día, que tantas veces he revivido. Así que, en representación de los asistentes sociales y personal de administración mi primer agradecimiento es para Jezabel. Hiciste muy amable eso que es tan desagradable: dejar a tu madre en una residencia. Luego Silvia, médico, que reconociste a mi madre por primera vez (Celia, tú no te escapas; luego te dedicaré un parrafito, pero a ti te saco del hilo temporal porque has sido un “continuo temporal”). Yo recuerdo que esos primeros momentos estaban siendo muy duros, pero me hicisteis vivirlos con tranquilidad. Tanto es así  que recuerdo abrazar a HAYDEÉ, y decirle: “mamá, aquí vas a estar muy bien”.

Como os digo estaba siendo duro, pero fue entonces cuando apareció Raquel, y yo vi a un ángel; así, tal cual. Un vistazo me bastó para comprobar tu calidad humana y profesional, lo que luego he confirmado en el resto de auxiliares con las y los que he tenido ocasión de coincidir. Así que te dejé que te llevases a mi madre y yo tuve paz. Y así se lo expliqué a mi padre y mi tía, hermana de HAYDEÉ, cuando me preguntaron qué tal había ido todo: “Muy bien, me he quedado tranquilo”, les dije.

Ahora viene Ana y Begoña, ¿o quizás sean Begoña y Ana? Sé que entenderéis mi pequeña broma, pero es que me voy, y aún no sé distinguir vuestras voces a través del teléfono. Fijaos que con vosotras no encuentro palabras que deciros, porque todas me parecen manidas. Solo me viene a la mente una, así que la voy a dejar salir: música, porque música han sido vuestras voces para mis oídos. Con música habéis resultado mis demandas de información y mis peticiones, y con música nos habéis recibido a pie de escalera y acompañado con mucho cariño hasta donde nos esperaba HAYDEÉ. Y ahora perdonad la digresión. Esto que viene lo meto aquí, porque viene a colación, y un poco para desengrasar, que la cosa está quedando, como me esperaba, un pelín cursi. Que vuestras voces sean musicales no quita para que os pida que consideréis la posibilidad de cambiar el tono de llamada en espera con el que nos “torturáis” cuando la línea comunica (esto os lo digo desde el cariño). Gracias, gracias, un millón de gracias por vuestra música, que es la que de verdad cuenta.

A Cristina, la directora, la conocí en una visita. Para ella mi admiración por saber mantener la firmeza flexible necesaria en estos momentos; firmeza flexible, extraña combinación de palabras me ha salido, pero creo que refleja muy bien lo que ha debido de ser gestionar esta situación (que sepas que, al menos, desde fuera, creemos que lo has hecho, y estás haciendo muy bien)

Del personal de enfermería no puedo nombrar a nadie. Perdonadme, por no haber tenido la frescura mental para preguntaros vuestros nombres. En la última fase de la vida de HAYDEÉ habéis sabido cuidarla y ayudar a los médicos para que sufriese lo menos posible. Nuestra gratitud infinita por ello.

El último nombre que me viene a la mente es del de Giovanni. A él le tocó darme la mala noticia. Ante él me derrumbé y , sin embargo, él supo comprenderme y ayudarme a gestionar los últimos pasos que, a disgusto, hay que andar para abrazar por última vez a una MADRE.

Y para Celia… El vínculo familiar no explica todo lo que has hecho para aliviar a  HAYDEÉ, y todo lo que nos has ayudado y consolado a nosotros su familia; todo lo que has tenido que valorar médica y humanamente, todas las decisiones que has tenido que tomar, las fáciles o rutinarias y las difíciles; todo lo que con seguridad has sufrido. Muchas veces te he dicho que “vaya regalito” que te dejábamos ahí». Sé por cercanía, que a los médicos os resulta muy difícil atender a familiares. Admiro tu valentía, prima. Todo lo que siento, lo que todos sentimos, no cabe en un millón de gracias. Así que no sé qué puedo decirte.

Ay! Está siendo duro escribir esto. Creo que he terminado con los agradecimientos, merecidos todos. Lo que necesito ahora es compartir con vosotros mis sentimientos y unas sensaciones muy intensas que han acompañado durante estos meses, y que ahora me ayudan a sobrellevar el desenlace.

Os quiero decir que puedo sentir vuestro calor, el tacto de vuestros abrazos no abrazados; el sonido de vuestras palabras suaves, reconfortantes, y a la vez firmes, pero cariñosas, cuando se trataba de traer de vuelta a HAYDEÉ de sus ensoñaciones para reconectarla con nosotros a través de ese “maldito” cristal que nos separaba de ella en las visitas. Pero, sobre todo, sobre todo, os juro que no exagero, puedo ver, y digo ver, no imaginar, vuestras sonrisas, amables y francas, llenas de alegría y cariño, ayudándonos a soportar esa horrible sensación de abandonar a un ser querido en un lugar que no es su casa.  Y es tan clara la visión, tan nítida y definida, que dudo sinceramente de si llevabais puesta la mascarilla. Es eso, que no, o que todas y todos vosotros lleváis puestas mascarillas transparentes.

Eso ha de ser pues: sonrisas en la casa de las mascarillas transparentes.

Con infinito agradecimiento de toda la familia de Haydeé Izquiero Dueñas.